Las sombras de Notre Dame (II)

21/5/15

París, año 1852.
23.59 p.m. Campanario de Notre Dame.

La luna llena se va escondiendo tras una sombra que cubre lentamente la capital parisina. Entre tanto, se escucha en las torres de la catedral cómo estructuras de piedra se van resquebrajando. Cuando suena media noche en el campanario, cientos de ojos se abren y las figuras grotescas que custodian el edificio despiertan.

-          Ya están aquí – declara una de ellas con tono grave.
-          Ha llegado la hora

El caudillo de las gárgolas cruza la galería de las quimeras respaldado por sus 53 seguidores, se asoma a una de las ventanas, decoradas por tracería y extiende sus rocosas alas, esperando la llegada del diablo.




París, año 2015. Sede central del periódico “Le Monde”. 15.30 p.m. 
-          Alizée, ¿qué haces aún aquí? – preguntó Dominique.

Dominique era un señor de unos cincuenta y muchos años encargado del departamento. Algo serio y exigente, pero muy entrañable. Si no fuese por él, la joven no estaría trabajando allí.

-          ¡Hola Dominique! Estoy buscando en los archivos un titular que he perdido de vista antes.
-          ¿Y se puede saber qué titular es ese que te está privando de tu tiempo libre? – preguntó.

Siempre la decía que era mejor trabajar para vivir, que vivir para trabajar. La exigía mucho durante su horario laboral, pero nunca le gustaba verla en aquella oficina finalizado su turno de trabajo. “Disfruta de tu juventud, sino después te arrepentirás de no haber vivido lo suficiente”, la repetía. Alizée era cabezota, pero él lo era mucho más.  Por eso siempre que se quedaba trabajando hasta tarde, lo hacía a escondidas. La verdad es que no tenía pareja, y su familia y amigos no vivían en la capital, por lo que no tenía mucho que hacer y prefería pasar su tiempo documentándose sobre la historia parisina.

-          Se trataba de una historia de hace unos años, en la que supuestamente un ser paranormal había cometido varios homicidios sin ser encontrado.

Alizée percibió un cambio en el rostro del hombre. Algo sombrío nubló su mirada.

-          No tuvo la mayor importancia. Fue un simple asesino que consiguió eludir de la policía. – contestó con irritación y sequedad.
-          ¿Nunca lo encontraron? – preguntó, curiosa.
-          No, nunca. Quizás fuesen bandas organizadas o algo así. Deberías irte ya a casa – dijo, algo nervioso.
-          De acuerdo. Recogeré y me iré a descansar.

Dominique no dijo nada más antes de salir y dirigirse a su despacho. Nunca le había visto de aquella manera, lo cual significaba que Alizée había arañado la superficie de algo turbio… Y nada la gustaba más que investigar casos sucios.



París, año 2015. Catedral de Notre Dame.

-          Odio a esos malditos humanos que se creen que Notre Dame es una maldita atracción de feria.
-          Ya sabes que debemos guardar las apariencias y el turismo está a la orden del día, Alisha…
-          Llegan con sus aires de suficiencia creyendo saberlo todo, siempre quejándose y hablando… Por Satanás, ¡¿cómo demonios pueden hablar tanto?!
-          Alisha, cálmate… - la ordenó.
-          Lo siento, mi señor. Solo que recuerdo aquellos deliciosos años en los que podíamos salir a cazar por las noches desatando el caos en la ciudad. Mmmm me sentía tan temida y respetada…
-          ¿Por qué no vas a sentirte temida a otra sala y me dejas pensar? Tu palabrería sí que es temerosa, pero no tanto como insoportable.
-          Sí, mi señor… - sentenció ofendida y enfadada. Y salió de la gran estancia.

Recorrió los grandes pasillos taconeando enérgica hasta llegar a la habitación del conde.

-          El Señor vuelve a estar de mal humor – reprochó.
-          ¿Conoces acaso otra cara en nuestro Señor? Cuando logre esbozar una sonrisa sabe Satán qué le pasará al mundo – contestó Constantin.
-          Me ha llamado insoportable – dijo disgustada.

El Conde Constantin se acercó sensual hacia Alisha y la estrechó entre sus brazos, fríos y fornidos y acarició con sus largos dedos el blanquecino cuello de la mujer.

-          El Señor no sabe apreciar lo bueno – afirmó, y acercó sus salientes colmillos al lugar donde había depositado antes sus fervientes caricias para, posteriormente, hundirlos en su yugular, provocando una agradable contracción en el cuerpo de aquella esbelta vampiresa.
-          ¿Será posible? ¿Es que no sabéis hacer otra cosa? – interrumpió Lord Darius.
-          Siempre en el momento más oportuno, Darius. – replicó el conde, con una de sus irónicas sonrisas.
-          Te aconsejo que dejes tus jueguecitos con esta furcia, el Señor te reclama.
-          No te ofendas, querida, se siente celoso por no poder encamarte como le gustaría… - puntualizó. Aquellas palabras provocaron las risitas de la pelirroja. – Algún día podrías acompañarnos si ese es tu deseo Darius. Me conocen por mi gentileza…
-          Constantin, no sabes cómo voy a disfrutar cuando el Señor termine contigo, si es que no lo hago yo primero – le desafió – vamos, el Señor tiene algo importante que decirte.

Constantin le dio un beso a Alisha en la mano.

-          No tardaré – la prometió guiñándola el ojo. – Llama a Galeska, lo pasaremos bien.

Y salió de la habitación tras Lord Darius, impaciente de saber qué querría de él el Señor.



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5 comentarios:

  1. Joder, me ha gustado.

    Y ese final es D:

    Espero el siguiente capítulo. :D

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  2. Aaaaaaaahhh menos mal que dejé de leer al darle a seguir leyendo..... me voy a leer el capítulo uno yaaaa!!
    Besazos.

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  3. Has pensado en crear una novela para venderla!!!???? Hija que enganchas. Jeje besos

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  4. ¡Ay Sara!
    Nos traes una nueva historia con la que picarnos. Preveo que esta también me va a gustar por que eliges unas ambientaciones geniales, además me encanta las fotitos que pones siempre acompañando a los capítulos :)
    Besos ♥
    -Freyja

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  5. ¡Impresionante Sara Tolkien! Cada nueva historia es una delicia más que leer :)
    Un besazo hermosa

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