Enmascarada: Amores y venganzas (XIII)

20/5/15

Valeria sintió cómo el aire abandonaba sus pulmones, esa noticia atravesó todo su cuerpo. Se sentía aturdida. Ahora todo encajaba. Comprendió aquella rivalidad entre Sandro y Enzo, la cual días atrás le había parecido absurda. No solo se trataba del desafío entre dos hombres que querían demostrar su hombría ante una dama. Valeria se acababa de descubrir envuelta en una tragedia.


Recordó entonces sus sueños, los cuales parecían cobrar sentido poco a poco. Los ojos verdes de Enzo y los grises de Sandro en un constante enfrentamiento. Su subconsciente la había estado avisando de la hostilidad entre las dos familias. Aunque no entendía muy bien el por qué. Lo único que podía pensar era en que ambos la habían estado engañando.

Las lágrimas comenzaron a acumularse en sus ojos, volviendo su visión borrosa. Los cerró con fuerza, suplicando que el tiempo retrocediese a cuando era una niña y Natael la alzaba en brazos mientras sus padres sonreían, dichosos. Todo parecía muy sencillo entonces. Aunque, por otra parte, una voz en su interior la decía que aquella extraña situación era su destino.

-          Quiero volver… a… casa… - consiguió articular – por favor – suplicó, y por más que se contuvo, no pudo evitar echarse a llorar, presa de los nervios y un temor que inundó su corazón.

Sandro cambió su semblante y se acercó a ella. Con una mano acarició una de sus mejillas, recogiendo las gotas saladas que brotaban de sus ojos azules.

-          Señor, me maldigo mil veces por haberte asustado. Lo siento, Valeria. Pero ahora ya sabes la verdad. Pero tu casa está aquí, conmigo.
-          Mi padre no pensará lo mismo. Ahora mismo me debe de estar buscando.

Sandro frunció el ceño.

-          Tu padre accedió cuando le pedí tu mano en matrimonio.
-          Pero no accedió a que me secuestraras – dijo Valeria, mirándole desafiante a los ojos.
-          No me levantes la voz de esa manera. Te advierto que cuando seas mi esposa deberás respetarme.
-          ¿Igual que me respetas tú a mí? ¿Mintiéndome? ¿Atemorizándome en mi dormitorio o secuestrándome? Jamás podré respetar a alguien tan miserable como tú.

En ese momento, Sandro perdió los papeles. Valeria sintió un golpe en su mejilla. El impacto de la bofetada la hizo perder el equilibrio y cayó al suelo aún atada a la viga. Cuando se recompuso, miró a Sandro, su rostro estaba desencajado. No tanto por la ira, sino que parecía verdaderamente asustado.

-          Dios mío…  Lo-lo siento yo… No pretendía…

Pero Valeria le miraba como jamás había mirado a nadie. Con auténtica repulsión. Y él lo notó.

-          Soy- soy un monstruo.

Y tras aquellas palabras salió corriendo de la estancia y cerró la puerta tras de sí. Valeria volvió a quedarse sola. Maniatada a una viga, de rodillas sobre el suelo húmedo y con infinitas lágrimas amargas resbalando por su rostro.

***

-          Gracias a Dios que estás aquí.
-          He venido en cuanto lo he sabido.
-          ¿Tus padres lo saben?
-          No. No quiero preocuparlos. Ellos creen que está aquí contigo, y será mejor que sigan creyendo eso.
-          Lo siento, Natael. Lo siento muchísimo. No debí haberla dejado sola…
-          No es culpa tuya, Bianca. Tranquilízate. He conseguido averiguar unas cuantas cosas.
-          ¿Crees que está con Enzo?
-          No – respondió Natael con seguridad – Creo que mi futuro cuñado está detrás de todo esto…
-          ¿Por qué sospechas de Sandro? ¿Qué has descubierto?
-          Lo que me temía desde hace mucho. ¿Recuerdas la tragedia de los Lo Grecco?
-          Claro.
-          Pues al parecer, Enzo está metido en ese enredo.
-          ¿Cómo va a estar Enzo involucrado?
-          El amante de Marissa era Anttonio Coppola.
-          Coppola… ¡Oh, dios mío!
-          Era el hermano de Enzo.
-          ¿Era?
-          Sí… Al parecer también falleció por un extraño accidente hace unos años.
-          ¿A qué te refieres con extraño accidente?
-          Bianca, creo que no fue un accidente. Creo que fue un asesinato.

***

Sandro volvió a entrar en aquel desván, cabizbajo.

-          Valeria, siento mucho lo de antes. Ha sido un gesto inapropiado en mí. Estaba furioso y…
-          Lo siento yo. Estaba desconcertada y no debí decirte esas cosas después de escuchar tan terrible historia. Pero Sandro, esto no está nada bien.
-          Lo sé. Pero no puedo aceptar el hecho de que pueda perderte.
-          Reteniéndome aquí en contra de mi voluntad no vas a conseguir que te ame, Sandro. Puedes conseguir incluso el efecto contrario.
-          Lo sé. Pero prométeme que te quedarás conmigo…

Valeria, después de conocer la trágica historia de aquel joven, no podía evitar sentir una lástima infinita por él. Todo lo que tuvo que pasar durante su infancia y el tormento que se había convertido en su sombra todos esos años. Era una carga demasiado grande para una sola persona. No justificaba con ello sus actos, pero podía comprender el miedo a perder lo único que le quedaba.

-          Ven, déjame que te desate. Pero antes has de saber que todas las puertas de mi casa están bajo llave y que ninguno de mis sirvientes está aquí.

Valeria asintió con algo de temor. A pesar de la tristeza que sentía por Sandro, aún había algo en su corazón que la hacía estar alerta. Sandro comenzó a desatar las cuerdas y por fin Valeria sintió sus muñecas liberadas.

-          Acompáñame – la dijo.

Valeria, soplándose las quemaduras en su piel, le siguió. Dejaron atrás el desván y caminaron a través de un largo pasillo oscuro. La joven dedujo que se había hecho de noche. Escaleras arriba, comenzaron a dejar atrás puertas y puertas hasta llegar a una entreabierta. Cuando entraron, Valeria vio aquella estancia llena de velas encendidas que desprendían un agradable olor.

-          Aquí podrás pasar la noche. La he preparado para ti. La cama es la más confortable y en el baño te he dejado listo un baño caliente.

Valeria vaciló unos instantes.

-          Tranquila, te prometo que no volveré a sorprenderte mientras te estás aseando. Procura descansar, y mañana hablaremos de todo lo sucedido. Si necesitas cualquier cosa, estaré en mi despacho.
-          Bien.

Sandro se acercó a ella y depositó sobre su frente un beso cálido antes de marcharse. Sin duda aquel hombre estaba enamorado de ella. Sin embargo, el corazón de Valeria sentía mucha confusión.




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7 comentarios:

  1. Que interesante! estoy un tanto perdida evidentemente jajaja a ver si saco tiempo y voy al principio xD pero me llama bastante^^

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    1. jaja tranquila ^^ Primero los exámenes ^^ Un besazo y mil gracias :)

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  2. que inetersante!! me alegra que te animaras a seguir, es una historia atrapante, ahora a esperar el siguiente!! que nervios!!

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    1. Siii es que tuve un parón por el dichoso trabajo de fin de carrera. Estos meses estoy sacando poco tiempo para escribir. Me alegra que te guste guapa ^^ Un beso enorme!

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  3. Holaaa.
    Se ve interesante. Ahora que tenga más tiempo puede que me ponga a leerlo como debe ser (:
    ¡Saludos!

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  4. ¿Más relatos? Vamos a ver como arranca la historia.
    Besos.

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