La princesa que cambió su belleza por amor verdadero.

25/10/14


Cuentan las lenguas que hace miles de años, en un reino sin nombre, vivían un rey y una reina que tuvieron una hija. Anna, la más hermosa de todas.

Cuando tuvo la edad suficiente, sus padres decidieron casarla con algún apuesto príncipe. No tendrían problema, pues Anna tenía innumerables pretendientes. Su tez tenía una luz inusual y parecía de porcelana. Su cabello, siempre ondulado, se asemejaba al oro macizo. Sus ojos eran color lapislázuli. Sus labios rosados y carnosos. Su cuerpo esbelto cumplía con unas proporciones perfectas. Toda ella parecía un ángel. Un ser perfecto.

Así que muchos hombres fueron los que llegaron al castillo para pedir la mano de aquella hermosa mujer. Todos quedaban deslumbrados ante su presencia. Algunos apenas podían articular palabra. Pero ninguno convencía a Anna.

De este modo fueron pasando los años y caballeros de todos los rincones de la tierra viajaron al castillo, y todos se llevaron una negativa. Anna era una joven risueña y testaruda que no se casaría a menos que encontrara el amor verdadero. Mientras tanto, los reyes iban perdiendo la esperanza.

Cientos de frases similares se oían una y otra vez en palacio. Anna comprobó que todos y cada uno de los caballeros que pisaban la corte estaban allí por su belleza, hecho que la entristeció enormemente.

“Quisiera desposar a su hija, pues es la más bella del reino”.
“Quisiera pedir la mano de su adorada hija porque no he visto jamás mujer más hermosa”.

Sin embargo, hubo una respuesta muy diferente a las demás: “Princesa Anna, me enorgullecería que quisieráis casaros conmigo, pues veo reflejado en vuestros preciosos ojos el cielo, el mar, las flores, el sol y la luna. Veo en ellos amor, humildad y una sabiduría impropia en una jovencita. Veo en ellos vuestro corazón, el más puro que he llegado a ver. Por ello me sentiría el hombre más afortunado del mundo si me dieseis un sí como respuesta”.

Sin duda, esas palabras llegaron al corazón de la muchacha. Era el primero que se había atrevido a pedirla la mano personalmente y el primero que no había hecho referencia a su belleza. Pero, ¿acaso su discurso había sido sincero? La sensación de felicidad pronto se convirtió en desconfianza y la princesa abandonó la sala sin decir palabra, dejando desconcertados a todos los presentes, incluido a aquel apuesto joven.

Al llegar a sus aposentos no pudo evitar echarse a llorar. Entre aquel mar de lágrimas recordó que en el pueblo se hablaba de una poderosa hechicera que vivía no muy lejos del castillo. Quizás ella pudiese ayudarla a llenar ese gran vacío que sentía. De este modo, al caer la noche, montó en su caballo y cabalgó hacia aquel lugar en el cual vivía la hechicera. La encontró sentada en un sillón acariciando a un gato negro. Parecía sumida en aquellas caricias y, sin embargo,  su voz la alarmó:

-          - Anna… llegáis puntual… - su voz era suave y aterciopelada.

La princesa se sobresaltó. Aquellas palabras la confundieron. Y entonces la hechicera la miró.

-          - Sabía que vendríais, sin embargo, no sé qué necesitáis de mí.
-         - Veréis… Mis padres quieren desposarme pronto a algún hombre, pero todos ven en mí tan solo a una mujer hermosa. Y yo sé que soy más que eso. El hombre con el que me case deberá amarme por quien soy, no por cómo soy…

Tras contarle sus incertidumbres, ambas parecieron saber cuál sería la solución a sus problemas. Anna sabía que no habría vuelta atrás si recurría a la magia… Pero lo deseaba más que nada en el mundo. Por ello, la hechicera comenzó su conjuro…

Poco a poco Anna fue cambiando. Su pelo perdió brillo y se volvió áspero. Su rostro se afiló acentuando sus facciones, dejando atrás su redondez angelical. La luz se disipó, palideció, sus mejillas y sus labios ya no tenían aquel tono rosado. Su cuerpo aumentó de tamaño, dejando atrás sus perfectas curvas. Sólo se conservó el azul lapislázuli de sus ojos.

Volvió a palacio impaciente por verse frente a un espejo. Cuando llegó a su habitación, se miró y apenas se reconoció. Feliz, fue a despertar a sus padres, quienes al principio se asustaron. El rey replicó, protestó, se enfureció… La reina se lamentó. Sus esperanzas desaparecieron en aquel instante. Al día siguiente, volvieron a presentar a la princesa delante de cientos de caballeros. Todos expectantes de ver a ese ángel, unos por primera vez, otros por segunda y tercera…

Pero no consiguieron verlo. El maquillaje no había logrado disimular las ojeras ni las imperfecciones del nuevo rostro de Anna. El cabello fue peinado y repeinado pero no consiguieron un perfecto acabado. Y ningún vestido la quedaba entallado…

La sala se llenó de reproches y abucheos. Se lamentaban de haber hecho un camino tan largo en vano. Muchos se marcharon. Otros reclamaban la presencia de la verdadera princesa. Los reyes se sentían avergonzados y Anna confundida. Pero un rostro familiar se acercó a ella y le dijo:

Aún sigo viendo todo el firmamento en vuestros ojos. Sin embargo, ahora también están llenos de luz y de felicidad. Vuestro corazón sigue siendo el más puro de todos. Permitidme casarme con vos y me sentiré el hombre más afortunado del mundo. Prometo que cuidaré vuestro corazón como mi más valioso tesoro.”

Anna sonrió. Sin duda, aquel hombre había abrumado sus pensamientos desde que le conoció. Supo que sus palabras eran sinceras. Que fue amor a primera vista y que había visto más allá de su belleza. La vio a ella. Así de simple.

Meses más tarde aconteció la gran boda. Anna irradió luz a todos los presentes. La felicidad de los contrayentes era palpable.

Ahora sí era la mujer más hermosa de todas.



“Guapa con energía y una gran sonrisa. Divertida, inteligente, bondadosa, testaruda, sencilla, complicada, maternal, infantil, dura, sensible… Maravillosa. Esa chica ha sido casi imposible de encontrar, pero la espera ha merecido la pena." OTH


Cada mujer tiene un secreto en sus ojos y un tesoro en su corazón. ¿Quién se atreve a encontrarlo?


Sara.

9 comentarios:

  1. Un relato muy dulce pero al mismo tiempo con un fuerte mensaje.
    Un abrazo.

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  2. Siempre me han gustado los cuentos de princesas y aunque ya no soy una niña, los sigo disfrutando como entonces. Además, este tiene un buen mensaje para reflexionar.
    Un beso!

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    1. Muchas gracias Abril. Yo también sigo disfrutando con ellos.
      Nos leemos :)
      Un beso!!!

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  4. ¡Hola Sara! fantástico tu relato, tienes muy buena capacidad para la escritura, un placer leerte y hacerme seguidor de tu gran blog. Te doy las gracias también por dejar tu huella en el mío :)

    También te he afiliado :)

    Un abrazo y nos leemos

    Un abrazo y nos leemos
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    1. Muchísimas gracias por tus palabras! Me enorgullece una barbaridad que te haga gustado el blog ^^
      Nos leemos!
      Un abrazo!!!

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  5. Guau! Me encanta tu blog, no lo conocía pero Librería Lunática nos nominó a las dos al premio Liebster Award. Te sigo desde ya!!!
    Y muchas gracias por pasarte y comentar!

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    1. Muchísimas gracias ^^ me alegra que te guste :)
      Me pasaré de nuevo por el tuyo ^^
      Un beso!!!

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